Santiago, 49: Los conejos

Lo mejor de tomar el metro a las seis de la mañana no es ir sentado y con espacio personal de acromegálico: son las carreras de conejos. Largan al arrancar, cada uno desde donde está, como en la carrera organizada por el dodo en Alicia en el país de las maravillas. Siempre algún díscolo rumbea para el costado (los inadaptados de siempre), pero, en general, recorren los vagones a lo largo. Empiezan perezosamente y van tomando envión… hasta que el metro llega a la siguiente estación. Ahí paran, descansan, y parten otra vez. (Por las tardes, cuando hay más gente, no hay carreras. Los conejos se esconden, desaparecen, no sé por qué. Pero siempre, siempre vuelven a acompañarme a la mañana siguiente.)

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2 comentarios hacia “Santiago, 49: Los conejos”

  1. Rubia.- Dijo:

    Yo siempre que puedo esquivo a lxs conejxs, no es cosa agradable que queden prendidxs de una.

  2. aveceslavida Dijo:

    Yo personalmente prefiero las conejitas de Playboy.

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