Santiago, 53: La muerte como revolución
The Beatles tocan I got a feeling en la terraza de Apple. Una cámara ronda por abajo, entre la gente que empieza a acumularse, tomando imágenes para el futuro documental. A la predecible pregunta, una señora mayor en bata celeste contesta: «No le encuentro sentido». Inmediatamente después, una joven da su veredicto: «I think it’s great.». Un hombre de corbata y gafas de pasta dice que le parece muy bien tener música en esa zona de la ciudad, que es «quite enjoyable», pero que es una suerte de imposición perturbar a los negocios del área. Mientras, unos pelilargos de pantalones pitillo saltan de terraza en terraza para no perderse el concierto.
Como siempre, hay gente que «la ve», que entiende, que logra trascender la minucia… y hay gente que no. Hay quien intuye el futuro en lo que pasa y suelta amarras. Y hay quien se pierde en los detalles y se preocupa por naderías (unas cuantas libras perdidas, un corte de tránsito, un ruido molesto). También hay quien añora los viejos tiempos y defiende las cosas como son… con el único (y curioso) argumento de que así es como han sido.
¿Qué podemos decir de bueno de esa vieja, de ese viejo? Que murieron. Y que murieron antes que las jóvenes y los pelilargos. Murieron y les dejaron la vía libre. Lo mismo podemos decir de los Labbés, de los Krassnoffs, de los Büchis, de los Pérez de Arces: se van a morir. Y, si trabajamos para que no se reproduzcan como gremlins, dejarán la vía libre, para que el futuro no sea el espejo del pasado.
Y ahí reside la esperanza, porque nadie cambia, sólo se muere.

15 febrero 2012 a 4:30 PM
Por suerte hay viejos que se van aggionando también y no es necesario que se mueran. O.