Santiago, 58: Porfiar en la desmemoria

Posted in i l e t r a r i o on 11 septiembre 2012 by Repalabrador

11 de septiembre de 2012. Estadio Monumental. Chile 1, Colombia 3. Antes, minuto de silencio por la muerte de, dicen los altavoces, «el mejor arquero» que ha tenido el país: Sergio Livingstone. Miles de personas (menos algunos gaznápiros que gritaban vaya a saber qué), de pie, mudas, algunas cabizbajas, supongo que recordando, honrando la memoria, para que algo quede de lo que se nos va. (Pienso: «Por esto sí, ¿y por el golpe militar no?» Hoy es 11 de septiembre… Vaya criterio curioso para decidir qué merece el recogimiento y la memoria.) Y… ¡comenzó el partido!

Santiago, 57: Algo inusual acontecióme y habré aquí de relatarlo

Posted in i l e t r a r i o on 5 septiembre 2012 by Repalabrador

Hoy vi dos rubias juntas en el metro.

Santiago, 56: La mejor empresa de Chile

Posted in i l e t r a r i o on 24 agosto 2012 by Repalabrador

Vuelta de Viña, estación Pajaritos. Siempre compro pan amasado a un señor que está ahí con su carrito y me dice: «¿Cuántos, joven?» Precio del pan amasado, a saber: 2009: 100 pesos, 2010: 100 pesos, 2011: 100 pesos, 2012: 100 pesos. IPC 2009-2012: +8.4%. Eso es una empresa seria y orientada al cliente. Lo demás es márquetin y puñales disfrazados.

Nasolaringeofaringeofibroscopía

Posted in i l e t r a r i o on 24 junio 2012 by Repalabrador

Nasolaringeofaringeofibroscopía se traduce al castellano en un vibrador talla estrella porno terminado en algo parecido a una antena de teléfono celular de los ‘80, sólo que más larga y tuneada: de unos 30 centímetros y con un led en la punta. Empuña el arma una doctora que me dice: «Cuéntame.» Ante mi cara de «Cuénteme usted», se explaya: «¿Qué te anda pasando?». Le explico: soy profe, me quedo sin voz al terminar las clases, me duele la garganta, siento una tensión, tengo carraspera, antes me recuperaba de un día a otro pero ya no… Como era de esperar, le importa un pepino: «Bueno, tú tranquilo. Esto molesta un poco, pero es breve: unos 10 minutos.» Me pone trocitos de algodón empapados en algún anestésico en las fosas nasales y se va. Se queda una enfermera que me dice: «¿Así que profesor?» «, pofesó

Vuelve la doctora y reempuña el vibrador para mineras. Introduce la antena por una de mis fosas nasales. «Tienes el tabique desviado.» Y a la enfermera: «¿Ves? El tabique desviado.» Empuja el aparato y me pide que trague saliva. Trago. Empiezo a sentir cosas que nunca había sentido: no me meto antenas de celular por la nariz todos los días… La zona es mayormente virgen a la estimulación y, por tanto, yo no sabía que existía: es como experimentar un tercer brazo o una segunda nariz. Me llega un ardor desde alguna parte inubicable de la cabeza, como si se me hubiera metido un cascarudo explorador empeñado en llegar donde ningún cascarudo ha llegado jamás y hacer historia. «Tranquilo.» Yo estoy bastante lejos de cualquier cosa a la que se pudiera llamar tranquilo: tengo agarrotadas las piernas y estrujo los apoyabrazos de la silla. «Traga saliva.» He aprendido, en este breve lapso de tiempo en que me he relacionado con esta perra del infierno, que cada vez que me pide que trague, se dispone a empujar la antena un poco más. «Traga. No estás tragando. No veo si hay saliva.» Y a la enfermera: «¿Ves? Se nubla. Ahí, foto.»

Siento que el cascarudo ha pasado la nariz y anda cerca del entrecejo, pero no podría señalar con el dedo dónde. Me empiezan a llorar lo ojos. «Tranquilo. Ya terminamos. Traga saliva.» Trago y la antena avanza un poco más. «Tranquilo. Estás muy tenso. Relájate. Respira normalmente.» (Usted, con «normalmente”», ¿se refiere a como respiraría uno cuando tiene una antena metida por la nariz hasta la garganta?) El cascarudo prosigue su marcha. Me dan arcadas. Los ojos me lloran aún más. «Tranquilo. Ya terminamos.» (No te creo. Además, falta la otra fosa.) En este punto, sólo quiero tirar del vibrador y sacarme todo de dentro, pero sólo logro tener arcadas y asustarme de no poder respirar. «Estás tenso.» (No me diga.) «¡Mira qué tenso está! Traga saliva.» (…) «Me estás apretando el equipo. No me aprietes el equipo.» (!) (A ver, señora, en este momento, su «equipo» es lo último que me importa en el mundo y, en todo caso, ¿cree usted que yo controlo los músculos de mi garganta?») Otra arcada. «No hagas arcadas.» (¿Que no haga arcadas? ¿Estudió 10 años medicina para decirme que no haga arcadas? Le digo dos palabras y usted me dice si le suenan: reflejos incondicionados ¿A que no sabe por qué le pusieron INcondicionados?) «Foto. Traga saliva. Di una palabra». «LA PUTA QUE TE PARIÓ.» «Repite.» «LA PUTA QUE TE PARIÓ.» «Gracias. Muy bien, ya saco. Vamos a ver la otra. Tú tranquilo.» (Sí, yo tranquilo. Ah, un apunte antes de proseguir: espero que engordes y te quedes pelada. Nada más. Gracias. Ya puede violarme otra vez.)

Santiago, 55: Esa obsesión con el orden

Posted in i l e t r a r i o on 15 abril 2012 by Repalabrador

Piece of evidence #1: Resultados SIMCE: entrevistan al director de no sé qué colegio al que le fue bien. El tipo explica que es por el compromiso de los docentes, etc. El conductor del programa televisivo, desde estudios, comenta: «Qué importante que es la disciplina.» El reportero le dice que sí, sí, que los alumnos que vio eran «muy ordenaditos». El director desea agregar que en su colegio se divierten «sanamente», por ejemplo, «jugando al ajedrez». El conductor sospecha: ¿no será un montaje para la tele? El reportero lo calma: «No, cuando entré a la sala, se pararon para saludarme.»

Piece of evidence #2: Vaya a saber a colación de qué, el taxista me pregunta a modo de cierre: «Si no respetamos a la autoridad, ¿a dónde vamos a ir a parar?»

Piece of evidence #3: La directora del colegio Carmela Carabajal desobedece una orden judicial y se niega a reincorporar a siete alumnas «alborotadoras». La radio, tras la noticia, abre el micrófono a los/as oyentes. Una señora: que quién se cree que es esa directora para negarles «surgir» a esas alumnas. Un joven: que seguro que esa alumnas estaban «politizadas». Finalmente, un hombre: que está muy bien porque al colegio «se va a estudiar».

Piece of evidence #4: Troto y, violentista como soy, enfilo por una ciclovía. A lo lejos, uno en bici que ni venía a cuento de nada, me grita: «Maestro, ¡por allá!» y me señala la senda del bien. (O, un símil: ese hábito de tocarle bocina a los que no respetan alguna norma de tránsito. Un sonidito corto: ¡pip!, para que sepa que lo demás lo vigilan y que está muy mal eso de doblar estando en segunda línea.)

Piece of evidence #5: Sacan más y más horas de arte… para agregarlas a matemáticas y cosas así. Y, a pasitos, Chile se encamina a ser un país de técnicos, en el que el chispazo de creatividad que es el punto de inicio de una novela o de una película es, cada vez más, una casualidad o un milagro.

The defense: ¿De dónde viene esa obsesión con el orden y la disciplina que es marca del ser chileno? Coletazos de la dictadura supongo. Una dictadura que logró construir la subjetividad de los/as chilenos/as a su imagen y semejanza, digamos. Y ésa, claro, es la mejor forma de gobierno: desde dentro. La gente, solita, clama por que la azoten.

Obsesión con la ley, con las normas que no son leyes, con la autoridad, con que el país sea considerado «serio», con los rankings que dicen que Chile se ha portado bien. Como si el orden establecido y sus guardianes fueran buenos por el solo hecho de serlo. La virtud consiste en obedecer, callar, respetar, estudiar o trabajar, observar las leyes, respetar a los mayores. Lo indeseable (que lleva al caos) es el desorden, la imprevisibilidad, la participación de la sociedad civil por fuera de los cánones establecidos (marchas «autorizadas», huelgas «legales»), la desviación, la protesta, incluso el cambio. En fin, obsesión con el orden, obsesión con la disciplina.

Parece que no pasa nada, que cada uno es como es, pero yo intuyo consecuencias concretas. De aquí viene, me parece, ese carácter pasivo-agresivo de algunos/as chilenos/as: ese temor a oponerse, a contestarle al jefe, a protestar abiertamente. Y, en consecuencia, callar, pero masticar la bronca acumulada o canalizarla en el murmullo, en el comentario a escondidas, en el mail con copia. También las bandas tributo —una forma refinada de obediencia— son una consecuencia de esa lógica que baja y dice: «Sed técnicos, sed técnicos, ya está todo inventado.» Finalmente, intuyo en la notable incapacidad para beber con moderación, o en esos asados en que hay más vino que carne, la imposibilidad de una rebelión orgánica, cotidiana, a cuentagotas, que suelte lastre de a poco y haga el desfase alcohólico innecesario. Toda esa represión acaba saliendo en el vómito, en el desmayo, en lugar de salir donde debe: en la vida de cada día. Sale a lo bestia, sin límite, como sale cada tanto en los países del norte en la forma de un freak que mata a sus compañeros/as con una escopeta.

Se olvida que el verdadero arte es una forma de desobediencia, que el cambio social siempre supone un desorden de lo dado, que todo lo que es… no era y provino de cierta afrenta al statu quo, que la quietud absoluta es la muerte. No hay nada de intrínsicamente bueno en el orden: está en nosotros/as decidir si lo que nos conviene es esto o lo otro. Y hasta que Chile no se quite las marcas a fuego, parecerá que lo mejor que puede pasarle… es que no le pase nada.

The defense rests.

Remixes de la historia argentina, 5: Don Josécristo

Posted in i l e t r a r i o on 2 abril 2012 by Repalabrador

Las damas del Club de Leones de Mendoza organizaron una jornada de donación de joyas: promocionaron el evento por medios que, a pesar de su avanzada edad, les eran conocidos: newsletter, flyer, e-mail, tweet, whatsupp. El día menos pensado, después del refrigerio, desfilaron una a una frente a Don José dejando sobre la mesa: anillos, pendientes, gargantillas, tobilleras, pulseras, collares y coronas de reina de la vendimia del año del ñaupa. En eso, se acerca una señora vestida más o menos nomás y deja una alianza de matrimonio. Las damas del Club de Leones de Mendoza, gallináceas, se descascaran el revoque de la risa y apuntan: «Perdone, Don José, pero esta señora no es socia.» Don José las manda a callar y, broncíneo como siempre, declama: «La señora de raídos ropajes, a diferencia de vosotras que os habéis despojado de lo que os sobra, ha donado al glorioso Ejército de los Andes todas sus pertenencias: ¡su alianza de matrimonio! Por consiguiente, a esta señora el cielo espera, mientras que vosotras no seréis más que unas bataclanas de Lucifer hasta el fin de los tiempos.» Dicho esto, se sentó y firmó los recibos.

Al finalizar el happening, un diálogo entre dos damas:

—Cómo se nota que sabía que estaban los del documental…

—Cuando se pone en prócer es insoportable.

—¿Y eso del acento español que hace?

—Ni me hablés. Mirá lo que tenemos que aguantar para salir en el Manual Kapelusz…

Remixes de la historia argentina, 4: French y Beruti

Posted in i l e t r a r i o on 28 marzo 2012 by Repalabrador

—Vos sabés que después van a decir que estas escarapelas son rojas, ¿no?

—Algo me han dicho, sí.

—¿Y?

—¿Y qué?

—Te da igual.

—No, no me da igual, pero se dicen tantas cosas… Que no existen los paraguas, que Belgrano juega para el otro equipo (no sé si me entendés), que Don José es masón…

—Sos un relativista.

—No, pero que se dice de todo… se dice de todo.

—Eso sí. Pero vos decime: ¿de qué color es esto?

—Celeste y blanco.

—Pues ya está. Y perdoná que me ponga así, pero los revisionistas me tienen podrido.