El año que fui ama de casa

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Dejar sartenes y ollas en remojo: se lavan más fácil. A veces la ropa, al estar tendida afuera, parece húmeda: es una ilusión, lo que está es fría  (en caso de duda, lo mejor es entrarla, dejarla entibiarse y repetir la comprobación, pero con los labios). La cebolla queda más tierna y transparente si se saltea a fuego medio, para los pimientos da lo mismo. Si no se va a planchar, poner los broches en las costuras. Lo del espagueti contra el azulejo no es cierto. Primero barrer (levanta polvo), luego pasar la gamuza a los muebles (por eso). Al final, fregar el suelo; si es antes de salir, mejor: más tiempo para secarse, verás como no quedan marcas de pisadas. Levantar todo lo que haya en el suelo antes de fregar, durante es incómodo: no se sabe qué hacer con el palo. Atención: alimento congelado que se descongela no se  puede volver a congelar (no sé por qué y no he hecho la prueba, el horno no está pa‘ bollos). Corolario: comprar los congelados al final para que estén menos tiempo sin frío y caminar rápido de vuelta a casa. Al colgar la ropa, no estirarla; debe caer de forma natural desde la soga (perpendicular al horizonte). Jeans: tres o cuatro broches, o se vuelan. Los adornos son bonitos, pero limpiarlos es desquiciante: mientras menos, mejor; pero sin pasarse con el minimalismo porque causa depresión. Lo mismo para los libros y demás objetos sobre la mesa de luz, lo justo y necesario: un libro (el que se esté leyendo), un desodorante, talco, perfume, reloj despertador, crema de manos (si corresponde). Lo demás es inútil: nunca se usa y afecta negativamente el estado de ánimo del trabajador/a del hogar. No dejar correr el agua: hacer una lavaza. No llenar el lavarropas, si está muy pesado no centrifuga bien: mejor dos lavados. Para tender bien la cama, hay que desarmarla entera y empezar de cero; es la única forma de que la sábana de abajo quede bien tensa. La grasa sale: poner una gotita de detergente sobre la mancha antes del lavado, aunque no mucho antes porque destiñe y después no hay tutía con la aureola. No comprar más de lo que se puede llevar en dos manos, haciendo un esfuerzo normal, por el tiempo que corresponda. Los tomates siempre se ven bien, es decir, rojos, firmes; engañan: por rojos y firmes que estén, no sabrán a tomate, sabrán a otra cosa que nadie tiene idea de qué es. Girar el colchón cada cuatro meses, ventilarlo de vez en cuando. Mirar las fechas de caducidad de los yogures y comer primero los más viejos. Los vidrios mejor secarlos con papel de diario: no deja rayas. Una manzana medio podrida no se tira: se come lo que se puede. Las cosas no cuestan lo mismo en todos lados: sacrificando tiempo, se hace economía. Las latas y productos secos (como fideos o arroz), del supermercado; los frescos (como carnes y quesos), mejor del mercado: la calidad justifica el mayor precio, sobre todo en el pollo. Al andar por la casa, aprovechar los viajes, no ser pánfilo. Los focos baratos se queman antes. El polvo siempre vuelve a las repisas, no importa lo que hagas. Las plantas son seres vivos. Las sábanas, mejor más largas de abajo que de arriba. Lo que más cuesta es el pescado pegado, dejar en remojo. Revisar los bolsillos antes de meter ropa a lavar, no asumir que alguien ya lo ha hecho. Hacer listas de la compra: es relativamente fácil traer de lo que ya había. Guardar las cosas después de usarlas y no obstruir el paso con cachivaches. El agua de lluvia sí mancha.

Momento de conclusiones. Cosas que jamás pensé que diría: Tengo que andar detrás tuyo acabando lo que dejás a medias; Si vas a hacerlo así, prefiero hacerlo yo; No valorás mi trabajo; Mantener la casa no es moco de pavo, Después lo termino haciendo yo, Que no me paguen no quiere decir que lo que hago no sea valioso, Hacelo vos si te parece tan fácil. Teoría explicativa de la conversión cognitiva: estas ideas son un efecto, en clave discursiva, del desarrollo continuado de la actividad y tienen como función legitimarla, asignarle valor y defenderla. Moraleja: si te haces policía, acabarás creyendo que los negros son más propensos a robar; si te haces taxista nocturno, acabarás creyendo que el mundo no tiene arreglo.

Cosas que jamás olvidaré, aunque hoy me aleje: el borbotón de alegría al ver la casa toda limpia, casi brillante; los platos lavados y escurriendo, desfilar el dedo por los muebles y nada, ( que está limpio incluso donde no alcanzo a ver), la ropa doblada y en pilas uniformes, sin conejos de pelos y polvo levitando entre rincones, los zapatos emiten leves chirridos al rozar el suelo. Y después de haberle negado terreno a la entropía, ducharse triunfal y salir nuevo, con fe en este tiempo de cambios, de desafíos y promesas. Tomar aire con aspaviento, llenarte de aroma limón lima y sentir como se te encoge el pecho de emoción, mientras los ojos se te inundan de lágrimas. Has ganado y el mundo es tuyo.

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