Blainsten: tres comentarios irrelevantes

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Blainsten, 1: La mitad del tiempo, entiendo y estoy fascinado. La otra mitad, no tengo la menor idea de lo que está hablando, y estoy fascinado igual.

Blainsten, 2: Isidoro Blainsten está muerto. Si no, iba y le clavaba los colmillos con cañito en la carótida y chupaba, chupaba hasta que la cabeza se me abombe de palabras inusuales y elegantes; como, por ejemplo, nácar.  Leo, que es lo mismo que hablarse para adentro por mucho que Langsley diga que no, leo: «Acalanado de fieltro y acero empavonado». Ay, soy un mediocre. ¿Pero, cómo se te ocurren esas cosas, Isidoro? Pregunta retórica, porque Isidoro Blainsten está muerto, que es algo que ya dije, hay que prestar más atención.

Blainsten 3: «(Tizonas, digo, no tisanas que la abuela Elisa preparaba inundando con olores los vetustos corredores. Siempre te recordaré, abuela, permaneces eterna en el recuerdo de tus nietos y amigos, proveedores, clientes y demás deudos.)». ¡Ahí está! Oración completa en paréntesis y cierre: «.)». No puede ser ni casualidad ni error, porque hay amigos y editores y correctores y me gusta, pero y sugerentes y escritores frustrados que se quitan la losa de su simpleza magnificando errores ajenos y mucha otra gente que le decía: «Isidoro, ojito con la puntuación». Si está así, es porque así debe ser, esta edición es muy correcta: «.)», punto que cierra la oración de adentro, paréntesis cierra la oración de afuera. Es así. Pero ahora no lo encuentro, la puta que lo parió, porque más adelante, en el mismo libro, para que después no digan, estaba distinto: paréntesis, punto, que también queda feo. ¿Qué cerró la oración de adentro, Isidoro? ¿Un paréntesis? Esa oración está truncada. ¿En qué quedamos, entonces? ¿O es que no dije que hay amigos y editores y correctores y me gusta, pero y sugerentes y frustrados y la mar en coche? Pero, bueno, el mundo es más que Blainsten: hay columnistas, hay prostitutas de la literatura que saben cómo montar el tinglado para que millones de mocosos digan: «Estoy enganchado», hay periodistas, hay poetas, hay profesores de Educación Cívica. Hay que verlos a ésos también, a ver qué hacen. Bueno, ¿y qué hacen? Lo que les canta la real gana hacen. No saben. Son mongolos. Improvisados. Ni han preguntado: «Profesor de la Real Academia de Nosécuantito, ¿esto es así o asá?». Cómodos. El único debo ser yo. Lo he pensado bien y el problema se puede reducir a una sola pregunta: ¿Es o no es el paréntesis un signo de puntuación válido para cerrar una oración? ¿Qué?, Isidoro. ¿Es o no es? Yo digo que no, yo digo: «(Tizonas, tararí tararí.).». Chupate esa mandarina: punto, paréntesis, punto, «.).». Sí, raro se ve. Pero, ¿y dejar el paréntesis guacho, al final, con delirios de punto final, o de signo de pregunta, y ahí nomás ponerle una mayúscula y, venga, otra oración? No me jodan. ¿O soy idiota yo? Es un misterio. Blainsten puto.

[Ahora se sabe: oración completa entre paréntesis se cierra con punto, paréntesis. Quién diría. Digamos, por ejemplo, un suponer: (Oración completa entre paréntesis se cierra con punto paréntesis.)]

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