Oda a un culo

icono10

Yo me he desviado seriamente de mi camino, me he perdido y tomado trenes con destino incierto por un buen culo. He caminado 4 ó 5 calles demás por un culo con galones. He seguido, lúcido y concentrado, motivado y a buen paso un culo por al menos 120 metros, sin distraerme ni pensar en nada más. He sido devoto. He evaluado seriamente la posibilidad de fundar un club, una asociación o algo, un club social, qué sé yo; cuya razón de ser y lazo común sean esos culos contestones y respingados, como espíritu común de cofradía. Por la calle, de paseo, he girado la cabeza en seco, un reflejo instantáneo, un flash en el rincón del ojo que me tuerce el cuello; y al mirar, ahí está: un trasero para el álbum, sólido y firme como un durazno. Y, ojo, que yo soy un tipo normal, mis amigos me lo dicen a cada rato.

Ese poder es intrigante, no se puede negar. Porque, pensar: hablamos de un culo. Codos, cuellos y tobillos ilustres no han tenido jamás esa suerte. De un plumazo han desaparecido. Qué ironía. Pensar otra vez, digo: que no es un premio Nóbel ni un Ferrari de los rojos, que ahí se entendería. Es un culo. Un culo. «Nada más», dan ganas de decir, apresurado. Pero yo digo: ¡y nada menos!, que hay quien vive del suyo y a quien la vida se le ha desmadrado por algún otro. Así de ejemplos se me ocurren ahora. Esa historia, la historia del culo, su nacimiento y gloria, está aún por escribirse. Y será espesa.

Yo tengo un poder, además: sé si un culo es bueno viéndolo desde adelante. No cualquiera lo hace, ojo. Desde atrás es fácil, es innato. Pero desde adelante (y a buena distancia) requiere preparación, un entrenamiento. A no pensar mal, porque no es nada místico ni de autoayuda: es la posición de la cadera, se los aclaro ya mismo. Porque el poder de un culo no está en los músculos, aunque lo parezca (bueno, un poco sí), no engañarse: está en la cadera. Sí, la cadera, el hueso de la cadera; más bien, el ángulo del hueso de la cadera, si está más para acá o más para allá. Es eso. Pruébelo con un culo de confianza y se ve clarito. Y otro poder menor tengo también, más común, sí: predigo un culo independientemente de la ropa que lo cubra. Hay algo que me hace ver más allá, trascender lo aparente. No entraré en detalles porque casi todos podemos hacerlo, es semi-innato (casi-innato).

Pero, ¿y esa energía que transmiten? ¿Ese magma poderosísimo al que se asemejan y que todo lo arrastra? ¿Esas controversias que les rodean? ¿Esas pasiones que excitan? ¿Esas locuras que han parido? ¿Esos líos en los que se envuelven? Fuerza irresistible, inmensurable, concentrada como un láser: un señor culo calle abajo, en sintonía con el universo, coqueteando con lo eterno y lo sublime. Se escapa de lo místico por un pelo. Ese instante, amigo mío, abrázalo, atesóralo, porque es lo más cerca de dios que te van a dejar estar. Es un culo.

 

Anuncios

2 comentarios to “Oda a un culo”

  1. Oh! Mi amigo! Este tema! Carne de cañon para tantos freudianos y lacanianos! Carne de asado para tantos otros!
    Es curioso. Cuántos escotes te habrás perdido de analizar en detalle mientras te distraías estudiando esas caderas y sus esperanzadores acompañantes traseros!

  2. Amigo mío, cuántos tratados se habrán escrito al respecto?… y pocos con esta frescura, la verdad es que cuando se confabulan todos esos elementos deliciosos formando una armonía… amigo mío…
    entonces estamos perdidos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: