Santiago, 4: El Tercer Mundo

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Lo peor que se puede decir de un servicio público en España es que es «tercermundista». Tercermundista era RENFE cuando, durante meses, tuvo incidencias, retrasos y anomalías en las frecuencias de paso; tercermundista era Fecsa-Endesa, empresa proveedora de energía eléctrica, cuando, tras un apagón monumental que dejó a oscuras a media Barcelona, tardó varios días en reanudar el suministro en algunas zonas de la ciudad; tercermundista, en definitiva, era cualquier sevicio que no cumpliera con unos estándares y unas expectativas que son, por lo general, bastante altos.

Pues, influenciado como estoy tras vivir seis años dentro de esos esquemas de pensamiento, puedo dar fe de lo que tiene de tercermundista el Transantiago, red de transporte de la ciudad capital de Chile:

1. Las paradas no están señalizadas. Si lo están, raramente se puede confiar en la información que proveen: los bondis que ahí dice que paran, no paran. Pasan algunos que no están listados, o bien no pasan los que aparecen en los carteles. En fin, para saber dónde esperar un bondi hay que ser adivino, quiromántico, tarotista o chamán matriculado. Para saber dónde va, o qué recorrido hace, se requieren las mismas titulaciones.

2. El Metro, como ya comenté, no tiene aire acondicionado. Esto quiere decir que, en hora punta, la gente es transportada como ganado: apretujada y a temperaturas que, a la Rubia, le han sumado dos lipotimias al historial. Y digo hora punta y no hora pico porque aquí, pico equivale a: polla, pija, pinchila, tonta, tararira, sinhueso, pito, pichula, banana, pepino, el amigo, tarasca, poronga, etc.

3. Los buses van a velocidades que dan miedito… con las puertas abiertas (!), para que entre la fresca. (Es una experiencia sobrecogedora ver las rayitas de la calle volverse una serpentina blanca a medio metro de tus pies mientras tratás de mantenerte en posición vertical.) Además, en las paradas, van arrancando antes de que se suba todo el mundo, como para apurar el trámite (y no, no hay manija para ir haciendo windsurf).

4. El boleto es caro, aún a precios internacionales: 400 pesos chilenos, 2.6 pesos argentinos, 55 céntimos de euro. Y no hay tutía de descuentos: el precio no baja ni con cuenta plana, ni por viajero frecuente, ni por ser comprador compulsivo, ni por ser laburante,  ni por comprar al por mayor, ni ná. Sólo existe un descuento para estudiantes.

No, si ya lo dicen allá: tercermundista.

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2 comentarios to “Santiago, 4: El Tercer Mundo”

  1. Es tercermundista…pero es lo que hay. Me temo que deberás acostumbrarte a ser un intrépido que se aventura en el transporte de Santiago todos los días.

  2. Parece que el tema del transantiago ha dado mucho que hablar. Y yo hable. Hable con un flaco que coordina no se que cosa ahi dentro, y me dijo que falta mucho tiempo para que termine de implementarse en su totalidad. Que la ciudad no puede esperar, asique… anda. Y se suma que como buenos sudacas algunas cosas las han cagado desde ahi dentro nomas, como robos y demas.

    Y tambien me sorprendio la velocidad de los bondis. Y (ya les va a pasar o les ha pasado, porque a nosotros nos paso 2 veces en 4 dias): te cierran la puerta mientras estas bajando: el que baja sale golpeado (el Agus y yo en diferentes ocasiones) y el que quiere subir no sube. Porque ese es el tema, hay un monton de gente que piensa como vos, que esta caro el bondi, pero que no por eso dejara de usarlo.

    Y listo!

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