Santiago, 5: Los cheques

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Y, por lo que dice el diario, lo cotidiano se vuelve más virtual, más intangible, mas unocerounounounocerocero, más impersonal. Pero no: están los cheques. Sí, los cheques: un recuerdo de la época en que no había tarjetas de crédito, ni e-transferencias ni nada de eso.  (También había tipos que te decían:  «¿Qué más?». Y uno decía, un suponer: «Dos berenjenas medianitas», y el tipo las ponía en una bolsa de compras que llevaba uno mismo. Sí, uno mismo: la bolsa era usada.)

Los cheques son unos papelitos (son tridimensionales) que vienen abrochados en una libretita y que se usan para pagar, a saber: bienes y servicios. Una monada antediluviana que yo creía extinta pero que aquí hace furor: que denuncié mi chequera como robada y ahora la encontré, que te doy un cheque a tres meses y otro a seis, que usted me firma doce cheques por el año y yo le alquilo el departamento sin problema, que se me extravió la chequera, que le pago con un cheque, ¿qué le parece?, que quiero la foto de mis hijos entre las letritas, que eso no se puede, señora, y así.

Cheques. (Guárdelos: son historia.)

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Una respuesta to “Santiago, 5: Los cheques”

  1. Son historia

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