Ahogado

P1030216 saturada

[Esta escena no se puede representar, sobre todo por la ausencia de luz; de la cual, se sabe, el cine depende en gran medida, atenazando así sus posibilidades expresivas. En este sentido, la escena apenas podría calificarse como «escena». Otro factor que la hace irrepresentable es las referencias a sensaciones físicas; vedadas al video, a no ser que sean ridiculizadas en un diálogo o, aún peor, en una voz en off.]

Sin rodeos ni preámbulos: un cuerpo desnudo (lo imagino hombre, pero bien podría ser una mujer) se hunde lentamente en un inmenso océano de agua negra y espesa; un océano vacío, no hay nada más, sólo la oscuridad y el cuerpo. Puede que, al principio, la espalda, o el torso, brillen apenas, por efecto de una piel muy blanca, o por un rayo de luz que se cuela desde arriba. Apenas, sólo se distinguen destellos informes, que se retuercen y giran. Es probable que el cuerpo haya caído al agua, aunque es imposible precisar en qué circunstancias. Ahora sí, la ausencia de luz es ya total. En medio de un silencio sordo, el cuerpo corta el agua, se desliza; primero, en posición fetal; luego, los miembros se aflojan, las piernas se liberan de los brazos, y parece volar, con el pecho hacia abajo y la columna arqueada. (Todo esto, es imposible saberlo.)

De pronto, el cuerpo latiguea en un espasmo violento, y el frío aparece de repente en la conciencia, donde antes no había nada, y toma forma de aguijonazos que dejan pequeñas llagas en la piel: el hombre se ha despertado. Sin mediar un segundo, por puro instinto incalculado y bestial, patalea y rema con las palmas, hacia (lo que cree que es) la superficie; pero la bola de agua es infinita y ya no hay gravedad: su empeño no tiene sentido. Técnicamente, la vida de ese hombre ya no existe y quienes lo quieren, no sufren, porque no saben nada de lo que pasa. (Y, aunque lo supieran, llorarían antes, o después, nunca en el momento preciso.) Quizás toman cervezas y se ríen y apagan cigarrillos en la suela de la bota: la muerte es la única soledad real.

Tras algunos segundos, empieza a faltarle el aire. En principio, un breve lapso de euforia y energía, las brazadas surten efecto y el cuerpo es propulsado. Luego, junto a la sensación de los músculos en movimiento, un creciente dolor en el pecho, el esternón absorbe, como un agujero negro, lo que le rodea: es, claro, la falta de oxígeno. Pero la energía pervive aún un poco más: la fatalidad no quita toda la esperanza, hasta parece azuzarla, como un último recurso. Luego, las piernas y los brazos se enlentecen: no es resignación, simplemente ya no responden. Aguanta un último segundo, con los pulmones a punto de quebrarse de dolor y, ahí, una última bocanada, profunda e idiota: el agua invade las vías respiratorias. Un momento más de conciencia para pensar que el instinto no siempre es sabio: la bocanada es final y no supervivencia. Los ojos se abren, desorbitados pero ciegos, barnizados de sal: ya lo sabe. Allí, en la frontera, nadie puede contar lo que ha sentido. Los músculos se ablandan y el cuerpo vuelve a volar, aunque ahora más lentamente. Las burbujas generadas por el movimiento desaparecen del todo y, ahora sí, silencio absoluto.

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2 comentarios to “Ahogado”

  1. Impactante, te deja sin aire.

  2. Tétrico el cuentito.

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