Las gordas

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Lo noto: me han empezado a gustar las gordas. Ni tallas grandes, ni especiales ni nada: gordas, que ya había nombre para las cosas antes de la corrección política. Es ese bamboleo espeso y apachorrado de una gorda de las de antes. Y hay que decir que yo odiaba a las gordas: «¡No me traigan una gorda!». Pobre del que me embosque con una gorda simpática. Nada de gordas, gracias. Toda esa grasa fofa y movediza, esos rollos flácidos, sobrantes, inútiles, cayendo en cascada por sobre el cinturón, moviéndose en olas independientes del cuerpo, como animados por una vida propia.

Eso sí, había notado que los viejos gustan de esas gordas: más de cuatro veces vi a algún sesentón dándose vuelta para quedarse con un culo de octanaje mejorado, congelarse ahí, embelesado, hasta que el culo se le hiciera un punto. A ver quién es el hombre que dice lo que piensa en ese instante de gloria porno con espoleta de retardo.

Ahora le veo la gracia, curioso asunto. Será por esa confianza antitanques que pasean: una gorda ya no es una mujer, se ha desarrollado, ha evolucionado; es, digamos, una post-mujer: está más allá de las bajezas y debilidades de rutina, pisotean los caminitos que los hombres hemos impuesto y a su aire. Apartadas como están del mercadeo de las tetas en oferta, van por el mundo como en pantuflas. A ver también quién le dice alguna cosa a una gorda con carné: el voleo te lo llevas, seguro. Como poco.

O quizás sea el volumen: hay algo enfermo, perverso, en ese mastodontismo; algo lascivo en esa acromegalia de cintura. ¿Por que será?, digo yo. Alguno habrá que  salga con algún refrito de Darwin: que si las caderas anchas, que si son las que garantizan la crianza, que si son las que últimas se mueren, que si el polen, que no se cuánto. A ver, señores, basta de sandeces: una gorda se merece respeto. Tanto pajareo de manual nos está haciendo perder de vista los asuntos.

Aquí los tiros van por otro lado. Que no sé yo los demás, pero yo veo una gorda y me borbotea lo peor que me conozco: un eructo viejo y ordinario, desde el bajo de los deseos de cuerina, unos antojos olvidados que no se cuentan ni después de varias grapas, unas ganas sepultadas e inconfesables. Toda esa carne para uno solo, un empacho de pechuga, suficiente culo como para no tener que repetir lugar de cachetazo. Algo ancestral tiene que ser: hay que pensarlo bien este tema.

Da lo mismo: qué más da que resolvamos el misterio. Las gordas son pocas, y buen vino no hay para todos. A ver, permiso, yo la vi primero.

[Foto de La Boca, by la Rubia]

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7 comentarios to “Las gordas”

  1. Viejo, sencillamente BUENISIMO. Me sacó varias sonrisas, y variadas ganas de “cascármela” con un dogor de la web. Que se yo? y, no se, todos alguna vez miramos con cariño a una rechonchita, a un piba piñata, la explicación, no creo la encontremos ni en Lacan, ni en Freud, por ello, hemos demolido sus teorias, en este instante, en este momento…. con estas secas recientes y dos mentes militantes del sociialismo hedonista porno-bacon.
    Salud (una palabra “chilena”, no?)
    PD; mi ultima poesia es simplemente una verdad: “cuando no tengo que escribir, escribo lo que venga, de hue'”
    Salud 2.

  2. uy, parÁ, me la mande ¡¡¡¡ DONDE DICE “un dogor” DEBE DECIR UNA DOGOR, ( el subconsiente? ESPERO QUE NO ¡¡¡¡ QUE HORROR ¡¡¡JEJEJEJEJ, SALUD

  3. El inconciente funciona de modos curiosos:)

    Me encanta este texto, lo he leido muchas veces y nunca deja de parecerme fresco, espontáneo, gracioso… vamos, que hay que dejar de lado la mirada feminista y la corrección politíca, pero vale la pena por una buena lectura.

  4. Xavi, vi los correos y me puse al tanto. MIRALOS.

  5. Me encantó este escrito Javier, ya soy tu fan !! Besos

  6. buenísimo!!!! cuantos recuerdos…. siempre a alguno le tocaba comerse a la gorda del grupo, lo hacia como un acto patriótico, un deber de solidaridad para que todas se fueran contentas, cuanto habra de visionario en ese acto disfrazado de heroismo!!! cuanto de deseo inconsciente!!! eso no era amor al prójimo sino un acto de oscuro líbido reprimido… de grande uno se da cuenta lo que es bueno..

  7. Me gusta el texto y me divirtieron los comentarios. Pero yo trato de no decir que me gustó el texto, porque van a pensar que soy la madre.
    T.

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