Mendoza, ese pequeño milagro

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Mendoza es la ciudad más linda de la Argentina. Alambre de púas. Lo digo yo, mendocino con la palabra empeñada, pero también lo dicen otros, los que pasan, deslumbrados por sus calles llenas de árboles, que en otoño la visten de cientos de tonos, del ocre al chocolate, del amarillo al rojo. Aerosoles lacrimógenos. Botones escondidos. Lo dicen otros, impresionados por su limpieza, su tranquilidad, su gente amable y acogedora, su clima amigo. Candados. Cerraduras. Pestillos. Pasadores. Será que Mendoza siempre cayó mejor parada que el resto del país después de las crisis y despiplumes que los argentinos vivimos cada dos por tres y, por eso, quizás, aparece como la hermana con suerte de la familia. Códigos. Trozos de vidrio pinchados en cemento. Casetas de vigilancia. Vigilantes. Descansando sobre una montaña imponente, blanca en invierno y que quita el aliento a quien la ve por primera vez, la ciudad fue tempranamente organizada en una prolija cuadrícula y recorrida por acequias y canales que llevan el agua del deshielo hacia el llano seco y riegan los campos. Contraseñas. Timers. Linternas. Porras. Pistolas. Las plazas, de abundante y cuidado verde, Rejas, Cadenas, Cepos, Alarmas, ponen color a la ciudad y sirven de pulmones, atenuando los problemas derivados de la actividad económica. Hacia el oeste, Escopetas recortadas, Niños que cuidan coches, Pulsadores electrónicos, Portones a control remoto, las plantaciones de vid pintan de acuarela las rutas hacia el piedemonte, donde esperan al visitante Más policías, Más jueces, Más juicios, Más celdas, Instructivos para no ser atracado, Defensa personal, Recomendaciones del gobierno, los deportes de aventura como el rafting y la escalada en piedra y, también, los caminos del vino: paseos por bodegas, catas, asados a la llama entre las uvas. Miedo. Desconfianza. Prejuicios. División social. Desigualdad. Guetos de ricos, guetos de pobres. Alarmismo. Las arboledas resguardan los descansos, regados por un buen caldo de la tierra que llama a la siesta. Populismo punitivo. Pobreza. Los que tienen la vaca atada y los que la ven pasar. Corrupción. Politiqueo. Mi tierra, Mendoza, se mantiene, todavía, como un oasis en el desierto y llama a visitarla, esperando con los brazos abiertos. Pobres contra pobres. Colegios privados. Hospitales privados. Barrios privados. Fractura social. Detectores de movimiento. Noticias amarillas. Gente pidiendo más penas, más largas, más duras. TV para y por idiotas. Reflectores que se encienden cuando pasas. Rejas.

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4 comentarios to “Mendoza, ese pequeño milagro”

  1. Xavi: Muy buen relato, con un aire cortaziano narrado en yuxtaposiciones; la Mendoza for export que tratamos de vender, y que que alguna vez supimos concebir, y la otra Mendoza, la subyacente detrás de la pared, abajo de la alfombra, la que no quisieramos ver, pero que está ahí, latente, acechante, y que a veces preferimos ignorar, hasta que algo nos ocurre, a nosotros o a nuestras cercanías. Pero dentro de todo, creo que a veces hay que alejarse para volver a quererla. Como esos amantes que hastiados quieren separarse, hasta que se dan cuenta que no pueden vivir separados. A veces… la vida…
    Armand

  2. La verdad que me gustò mucho el relato. Es como ver reflejado el sentimiento que yo tengo con Mendoza. Por un lado extraño horrores el lugar, los afectos, la gente, la Montaña y ese paisaje ùnico… pero por otro lado el tema de la seguridad es complicado… y eso de que los chicos no puedan estar en la calle jugando como lo hacìamos nosotros cuando èramos chicos que nos pasàbamos horas jugando afuera y podìamos ir y venir sin problemas a cualquier hora…
    Cuando pienso en Mza siento tal cual esa dicotomìa de todo lo bello que tiene esa tierra y todo lo malo que da la situaciòn actual….
    Muy bueno…. el texto y la forma de escribirlo…
    Tania

  3. carolina Says:

    Lo hiciste iorar a tostado. de verdad.
    beso.

  4. El texto: contundente !!!
    Durante la lectura sentí que estaba viendo una proyección de diapositivas, no me había pasado esto nunca antes, te felicito Javier y gracias.

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