Santiago, 13: A ver quién la tiene más grande

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Vaya a saber por qué aberración arquitectónica, no es inusual encontrar, en los baños de las oficinas, un espejo de pie detrás del inodoro.

Puede que a una mujer falta de empatía esta curiosa disposición de los objetos no le diga nada; puede, incluso, que le parezca largamente irrelevante. Pero para los hombres es otra historia, toda vez que los obliga a aliviarse enfrentados irremesiblemente a las miserias de la dote (el tamaño sí importa). Según para quien, puede ser un trance cáustico para la autoestima: no hay dios que pueda racionalizar como está mandao teniendo tan a la vista las propias limitaciones y, sobre todo, no hay dios que vuelva al escritorio con la moral alta y el liderazgo afinado tras un mazazo tan certero.

Si Chile quiere hombres motivados en el trabajo, hay que quitar esos espejos.

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Una respuesta to “Santiago, 13: A ver quién la tiene más grande”

  1. Propongo que en el caso de los baños de varones se coloque espejos deformantes. Gustoso entraría en uno de aquellos que agrande las imágenes. Me pasaría largas horas contemplando mis partes pudendas. Por otra parte, en los de damas les proveería al entrar un espejo retrovisor. Tal vez a muchas se les quiten las ganas. Y la pregunta del millón que todos los hombres nos hacemos: ¿PORQUE LAS MUJERES VAN JUNTAS AL BAÑO?. Dejo abierta las respuestas.
    armand

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