Santiago, 15: Lapide a su adúltera

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La Unión Democrática Independiente (UDI), bestezuelas de dios, ha presentando esta semana un proyecto para restaurar la pena de muerte en Chile. (Cada país tiene su Susana Jiménez: aquí es un partido político.) La formación ha hecho gala del notable timing de la derecha para sus proyectos de retorno a las cavernas: hace algunos días, una niña de 5 años fue golpeada, violada y asesinada en Valparaíso. Encontraron su cuerpo flotando en el mar. El horno de la opinión pública estaba a punto, claro.

Pasa que la pena de muerte está abolida en Chile desde el 2001. (¡¿2001?! Sí, 2001.) Pero, dado que el país suscribió y ratificó el Tratado de San José de Costa Rica –que prohíbe a los países firmantes restaurar la pena de muerte una vez que la han abolido–, pues resulta que Chile no puede restaurar la pena de muerte. Pero las bestezuelas de la UDI no se rinden fácilmente: argumentan que en el Código Militar, la pena capital sigue vigente (¡que es verdad!) y que, así, nunca desapareció del todo del ordenamiento legal. Por ello, Chile se podría saltar a la torera el Pacto de San José de Costa Rica… y restaurar la pena de muerte.

Yo les deseo a las bestezuelas de la UDI lo peor: que se pongan ceborreicos, que una baldoza floja les salpique el pantalón de salir y que se les pique el vino justo antes de cortar los quesos. Pero, de progresar la iniciativa, ya puestos, tengo un pedido que hacer, un berretín mío, un caprichito: que la pena capital para las adúlteras se ejecute mediante lapidación pública.  Con el tiempo, la medida podría mejorarse anteponiendo a las pedradas algunas violaciones múltiples  o una especie de vía crucis, durante el cual los hombres de bien podamos escupirlas, decirles cosas cochinas y esas cosas.

No sé por qué, pero siempre me ha hecho mucha ilusión apedrear mujeres infieles: cuando veo en la tele a esos tipos cascoteando un bulto móvil tapado por una bolsa, tengo la impresión de que se lo pasan en grande. No veo por qué no podemos  importar a Chile un barbarismo tan gratificante: sería todo un detalle por parte del gobierno aceptar la propuesta de la UDI.

(Dicho sea de paso, la medida favorecería un mayor contacto con nuestro yo primitivo e interior, tan relegado en la vida social moderna, y también aportaría en la lucha contra el estrés: no hay como lapidar una adúltera para empezar con energía la semana.)

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2 comentarios to “Santiago, 15: Lapide a su adúltera”

  1. GUAAAAAUUUUUU …. me impresionó el texto.

  2. Alguien de la UDI leyó este comentario?
    Tere

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