Paulo Coelho

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Cuando leo a Paulo me doy cuenta de un montón de cosas. De hecho, con nadie me doy cuenta de tantas cosas. A cada rato, pum, me doy cuenta de algo. Leo y digo: «¡Es así!, esto… ES ASÍ, Paulo, es verdaderamente así; le has dado al mismísimo centro del tuétano de todo». Idiota yo por no haberme dado cuenta antes. Voy como anzuelado, el dedo se me pone morocho de pasar páginas, parece verano. Voy hacia la luz total. Paulo me hace señas para estacionar en el supermercadote este de verdades. «Más para acá, más para allá», lo veo por el retrovisionador, ahí parado, moviendo las manos y con esa carita de paz interior. No es gordo, no, no es gordo. Le sigo la jeringonza de aeropuerto. (Me lo paso bomba yo, dicho sea de paso, viendo a las azafatas haciendo ese movimiento de buceo y dejando caer las mascarillas de oxígeno que se le ponen primero a los niños, no olvidarse. También me lo paso bomba cuando con los palitos brillantes lo ponen al avión de culata y por la rayita y lo dejan acomodadito como si midiera un pulgar.)

Aterrizo derecho en un agujero eólico-mántrico de verdades chanchas y redondas como la pelota de goma de la Greta. ¡Y está lleno de gente! Hemos estacionado to-dos, eólicos-mántricos, siguiendo la pechera verde violento de Paulo, con bandas fluorescentes que le cruzan el pecho (ver gráfico). Bueno, finalmente, que está lleno de gente. Y todos, TODOS nos hemos dado cuenta de cosas. Aquél de allá me dijo que se había dado cuenta de algo ahora mismo, es increíble, en tiempo real. Así, en grupo, somos probablemente, en este momento, los que más nos hemos dado cuenta de cosas. Hay fogatas. Hay un carrito panchero. También algunos que cantan canciones con tamborcitos del free shop. Cada uno a lo suyo, pero algo nos une, amigos globales, algo nos une: antes de darnos cuenta, todos pasamos por caja.

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2 comentarios to “Paulo Coelho”

  1. Este post es la hostia.

    Y el anterior tambien.

  2. Molt bo!!
    Me acuerdo el dia que en H&M te regalaron uno de Paulo, para vos que sos psicólogo… silencio, gracias y cara de ojearlo, pensando que mierda voy a hacer con este papel impreso?, porque libro no puede llamársele.
    Y si no me equivoco fue a parar la estantería de los rezagados junto con los Kamasutras (uno por sexo), el libro para cocinar con microondas y la guia de no se qué de barcelona…

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