Santiago, 22: Dos amaneceres en Santiago


Lo normal: el cielo tiende lentamente al plomo, el día quiere irse ya, déjenlo. Sí, pero, de repente, casi sin aviso, el sol hace un último esfuerzo y al azul que avisa la noche lo reemplaza un amarillo resplandeciente, a veces un rosa intenso y desparejo que se vuelve rojo al rozar la montaña. Los objetos del mundo, que ya empezaban a ser tinieblas, se muestran nuevos, la luz angular de la caída les miente y es difícil recordar cómo eran antes de brillar y trasmitir esa pureza exenta del cinismo de la noche, de todo lo que pudo ser y no fue.

A algún desprevenido con desfase de jet lag se le podrá mentir: se le podrá decir que está amaneciendo, y lo creerá encantado, previendo la manteca derretida en la tostada, el ruido del vaporizador, el olor al café recién molido, el diario que nadie ha abierto aún. (Esas noticias no han pasado.) Es un guiño de día nuevo sobre la agonía de lo escrito y sellado, y se puede soñar con un segundo disparo, y con la idea de hacer todo mejor, decir las cosas sin miedo, seguir los malos consejos y, claro, darse el gusto de mearle el escritorio al jefe. Es otro amanecer. Agárralo que se va.

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5 comentarios to “Santiago, 22: Dos amaneceres en Santiago”

  1. Anónimo Says:

    con estos amaneceres, no parece tan grave la ametralladora de normas.
    hoy el subte en baires no funcionaba, y para llegar a mi trabajo tuve q tomar micro, tren, me quede dormida y me baje una parada despues, y remis. toda una odisea.
    c’est la vie
    abrazos

  2. Anónimo Says:

    ah, soy alexia

  3. El primer amanecer de un belleza poética digna de mejor destino.
    El segundo me costó un poco entender lo de “jet lag”, esos englishismos a que nos tiene acostumbrados el sutil Xavi, pero lo leí con mis 5 sentidos (si es que aún me funcionan adecuadamente) en placentera erección. Lo de la meada en el escritorio del jefe es mi eterno sueño incumplido.
    un abrazo

  4. Hermoso relato.

  5. Muy lindo, me sentí en ese momento, te entiendo perfectamente, como si por arte de magia, por un momento, viviera en tu casa.

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