Santiago, 25: Tres reflexiones irrelevantes en torno al terremoto

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(El problema siempre ha sido, digo yo, que vivimos juntos, pero no mezclados; que estamos yuxtapuestos, con los culos juntos, pero nuestras vidas no se tocan, no le hacen falta a nadie, cada uno en su mundo, en un camino paralelo, que sólo roza el de unos pocos, por un rato.)

Es una tragedia, ya lo sé, pero lo lindo es que ahora se camina por Santiago como por un pueblo: cada ascensor, cada verdulería, cada cola del súper, escucha la misma conversación: «¿Usted dónde estaba?», etc. Y uno siente que ya no hay sólo personas, sujetos, individualidades, cada uno en sus marimbas; parece como si hubiera algo en común —eso es un pueblo, después de todo—, un espíritu colectivo; como si hubiéramos logrado algo, trabajando juntos. Y vas por la vereda, y viene uno de frente, y le sonríes, y le dices con la mente: «Sí, ya sé», y te haces hermano. (Ayer, el chico del 1610 nos pidió la aspiradora, se llama Hernán.)

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Aquello de que se despiertan, que perciben, que su sexto sentido, que avisan, que saben, que se dan cuenta, que ladran y anuncian y uno los hace callar porque no sabe que ellos saben y están tratando de salvar vidas, de buenos que son; aquello de que perciben y que alertan, que previenen y que sienten rugir la tierra antes que nadie y hablarían, si pudieran, y nos dirían: «Che, va a temblar», pero como no pueden, ladran: todo aquello, es un mito. La Greta dormía, y no se despertó, ni percibió, ni avisó, ni alertó, ni sexto sentido ni ocho cuartos; y el Imeil trataba infructuosamente de sacar su pelotita de debajo de la cama, y no paró, ni supo, ni se dio cuenta, ni ladró, ni dijo «Che, va a temblar» al oír rugir la tierra. Es un mito.

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Yo estaba en ese puntito de la borrachera en que piensas que estás hablando demasiado, pero no paras, y dices: «Voy a dejar hablar a los demás», pero no los dejas, cuentas una anécdota más. ¿Sabes lo que te quiero decir? Pues ese puntito. Y vino el sacudón y en una milésima de segundo se me pasó el pedo, y bajé como un ninja, lúcido, alerta. Tan veloz y sigiloso, que ni me acuerdo cuántos pisos bajé: así de despierto iba. ¿Esto qué quiere decir? ¿Qué nos está queriendo decir el Señor? Yo creo que es esto: «Si el mundo te da vueltas, y arcadas, y el hacha en la frente te hace jurar que nunca más volverás a beber, y debes manejar a casa pero estás en ese puntito… llama a un perro, acarícialo en la nariz, y pídele que ladre, y que avise.»

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(Eran cuatro.) Una consecuencia derivada y no querida es ésta: el terremoto puso los delirios primermundistas de algunos chilenos en su lugar. Gloria a dios en las alturas, etc.

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4 comentarios to “Santiago, 25: Tres reflexiones irrelevantes en torno al terremoto”

  1. Bueney :)

    Y me encanto uno de mas atras que no me acuerdo como se llama, el de la arquitectura de las ciudades y las conductas esperadas… Buenisimo, mencanto!

  2. Yo tenía por seguro que lo de los perros era en serio, tal vez sea para los que están sobre la tierra y no sobre un dpto (en defensa de los dos personajes que vos tenés).
    Es cierto que la gente cambia, se olvida de lo que no es importante para la vida y vé en el de al lado a un compañero de la misma desgracia.

  3. Si algo ha quedado en evidencia con el terremoto chileno, como dice Xavi, es que Chile no era tan primermundista como el mundo creyó. Un matrimonio chileno me dijo en un viaje que compartimos: ojo, no se engañen, Chile no es todo los maravilloso que vende su imágen (tal vez eran de la derecha). Lo cierto es que los actos de vandalismo y pillaje han sido similares a los que se viven diariamente en nuestros paises emergenetes (que término de mierda para calificar países de mierda). Es cierto que muchos de esos hechos se justifican por la indefensión y la hambruna de la gente humilde (quedan muchas en Chile?), pero no es menos cierto que el orden social y la disciplina no ha sido solo producto de la concientización de las masas y el orden de las clases dirigentes, sino que también ha sido inducido a fuerza de garrotes y metralla. ¿Porque el mal trabaja tan bien, y el bien trabaja tan mal?

  4. coincido con Oscar, es porque tenias tus perros 16 pisos màs arriba del suelo. ya basta de desmitificar, que de algo tiene que vivir el pueblo che!

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