Santiago, 26: Quién dijó que tódoestá perdiiiido

Si va a subir al Metro, se aconseja: sea anciano, esté embarazada, lleve bolsas, arrastre niños, use bastón, parezca cansado, tenga problemas de equilibrio, aparente ser mayor que los que van sentados. Si así lo hace, tiene altas, altísimas, probabilidades de que le cedan el asiento. Y si no, seguro que una buena alma en pie zamarrea a uno de ésos que se hacen los tontos y miran para otro lado, o se hacen los dormidos. Como poco, se monta un corrillo de rumores de reprobación que se convierte en una bola irresistible (le dicen presión social), hasta que el aludido no tiene más remedio que pararse con cara de pedir perdón.

En esta ciudad sin alma, donde sólo se salvan los que pueden, hay todavía un pequeño espacio donde las personas resisten al egoísmo urbano: «¿Señora, se quiere sentar?»

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2 comentarios to “Santiago, 26: Quién dijó que tódoestá perdiiiido”

  1. A mi me enseñaron a dar el asiento y todavía lo doy.

  2. A mí frecuentemente me lo dan…no sé en cuál categoría entro. No parezco TAAAAAAN mayor ( Jaja), pero sí grandecita…y siempre a punto de perder el equilibrio. Pensarán: mejor la sentamos, no sea que nos toque levantarla!
    T

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