Solicitada por los derechos del buen burgués

Comenzaré diciendo que tomo por descontado que la lucha sostenida por esta organización —que me honro en presidir— ha llegado a su atención y conocimiento, y que es digna de su justa apreciación. Sabemos que es así, habida cuenta de las repetidas señales de reconocimiento con que usted, o sus allegados, nos han obsequiado a lo largo de estos tumultuosos años de (re)construcción nacional. Por esta razón, por la amistad que nos une, y por respeto a su valioso tiempo, es que no entraremos aquí en detalles acerca de esa lucha.

Sólo dejaremos constancia de las grandes dificultades que supuso para nuestra organización la consecución de lo que, entendemos, es nuestro derecho básico e irrenunciable: la obligación por parte del servicio doméstico cama adentro (en lo subsecuente, las nanas) de vestir su uniforme en espacios públicos. Son conocidos y notorios los casos en los que una nana, como resultado de no portar su uniforme reglamentario en un evento social —tal como una cena o una reunión al aire libre— fue confundida con un miembro de la familia —o bien con un allegado a la misma—, con las desagradables consecuencias que eso supone: estigmatización y desprestigio, más que nada, pero también rumores de mestizaje en la prensa o prohibición de entrada a determinados eventos o instituciones.

Así, consideramos que la correcta señalización de la nana ha supuesto un gran avance, más aún si ese avance se halla —como está— rubricado por una ley orgánica que todos ayudamos a sacar adelante.

Pero no podemos cesar aquí nuestra lucha, habida cuenta de otros problemas que continúan surgiendo: robo de pertenencias —incluso comida— de quienes, con la mejor voluntad, proveemos de trabajo y sustento a tantas familias desfavorecidas; filtrado y divulgación a los medios de información sensible o privada, repetidas faltas al Reglamento —estamos seguros de que habrán llegado a su atención los últimos casos—; interposición, por parte de las nanas, de reclamos a los contratantes, solicitando diversos beneficios, en una serie que parece no tener fin y que ha llegado, incluso, a los Tribunales. La pregunta es obvia: ¿cuándo cesan sus derechos y empiezan los nuestros?

Es por estos continuos abusos a nuestra buena predisposición que solicitamos se comprometa, junto a nosotros, en una nueva e integral Ley, que solucione, de una vez y para siempre, las dificultades a las que nos vemos expuestos.

De este modo, a la correcta señalización de la nana —que no poco esfuerzo supuso, habida cuenta de los grupos atávicos que siguen operando con peso en nuestra política—, creemos justa la inclusión, en esa futura Ley, de nuevos derechos que eviten más atropellos. Mencionamos aquí algunos de los derechos que creemos irrenunciables: derecho a regular —incluso a anular— el salario de la nana en base a su rendimiento y evaluación (o bien, abrir la posibilidad de retribuir en especie), derecho a suspender la alimentación, negar el abrigo o crear situaciones de estrés psicológico en base a las mismas razones (el encierro planificado se ha mostrado como un buen correctivo, aunque, como era de esperar, no cuenta con el apoyo de algunos grupos), derecho a leves castigos físicos ante repetidas infracciones, derecho a una revisión completa de la nana y de sus pertenencias antes del abandono de la casa, derecho a desautorizar viajes o movilizaciones en fechas destacadas —las ausencias en épocas navideñas resultan irritantes—, etc.

Es claro que esta lista provisoria no agota nuestras necesidades y requerimientos, pero sí da una pista acerca del desamparo en el que nos encontramos, toda vez que ninguno de estos derechos está siendo siquiera debatido en nuestras Cortes. Esperamos que esta penosa situación cambie pronto, así como también esperamos contar con su habitual apoyo en dicha empresa: punta de lanza, si se quiere, de un profundo cambio social.

Sin más, me despido atentamente,

Erika Von Tiehl

Presidenta de la Asociación Civil por los Derechos del Buen Burgués

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6 comentarios to “Solicitada por los derechos del buen burgués”

  1. Buenisimo! Me encanto.

    Nunca me voy a olvidar de la familia esa que iba Las mostazas (un camping) y llevaba a su nana (!). La imagen concreta es yo volviendo de la playa hacia donde estaban las carpas tipo 6 de la tarde (algo muy raro porque me internaba en la playa desde despues de comer hasta las 21hs), y ver a la nana limpiando las carpas de esa familia y haciendo la once, sola, el resto con las patitas en el agua.

    Que mierda…

  2. El otro dia una “señora” se quejaba porque ella le habia regalado a su nana ropa para los hijos cuando la necesito, y ahora la nana osaba pedirle tener el domingo libre, que ademas es su derecho por ley….plop!

    El servicio domestico cama adentro es esclavitud dibujada.

  3. Ah! y es que no podia esperarse menos de una republiqueta con infulas de país europeo….

  4. Así como alguien comentó hace unos días que leí todo y que no comentaba por no saber qué poner, pues heme aquí, en la misma situación.
    Igual dejo una pregunta: puede ser que latinoamérica sea un lugar tan poco creativo que encuentra para las mujeres con menos recursos solo estas dos alternativas: nana o chorra (con chumbo)?
    Claro, me olvidaba de la tercera: trabajadora rural sometida por el terrateniente o el narco de turno.
    (Las prostituas no están mencionadas por tener glamour)

  5. Yo me acuerdo de una Nana en la playa, que además de hacer las cosas, jugaba al fútbol con las otras mujeres y era muy buena, tiraba unos tiros libres de media distancia muy fuertes y precisos. O.

  6. La cuestión “nana” siempre me resultó irritante. La empleada cama adentro sufre ese trato por acá, muchas veces. Y parte de los abusos vienen del hecho que no tienen adónde ir si dejaran esa casa, y no tuvieron acceso a la educación, no saben hacer otra cosa. Ni siquiera tienen un gremio que las proteja, en eso las prostitutas las aventajan, sí tienen gremio.
    T

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