Santiago, 27: Mendigos 2.0

Lo bueno de los mendigos es que están bien señalizados. Se les nota que son pobres (tampoco hacen nada por evitarlo): los delata la ropa sucia, el vasito (o la mano tendida), o bien esa manía que tienen de sentarse en el suelo, o de gemir por ayuda: «Tengo hambre», «Una moneda para la once», cosas de ésas. Así, uno puede ser un desalmado y abandonarse al cinismo urbano sin remordimientos: mirar para otro lado, esquivarlos como si no existieran, o ceder, y darles 100 pesos. Lástima que los mendigos, en general, son gente que no entiende inglés, porque si no se les podría decir: «Get a job», que sería lo más normal para alguien en su situación (si sólo las empresas lo supieran, les lloverían ofertas).

En Santiago no, en Santiago es un poco raro. Y es raro porque existen mendigos que no están bien señalizados, o que casi se diría que no son mendigos, y desorientan a las buenas gentes. Hay unos, por ejemplo, que piden para ir a la cancha: ponen una camiseta del club de sus amores en el suelo, a la entrada del Metro, desparraman algunas monedas como para crear quórum, y, ¡ala!, a esperar la bondad del prójimo. Otros son timadores de la mendicidad, y te cuentan historias, que para colmo son larguísimas, acerca de cómo se vinieron de Valparaíso a buscar trabajo, y los atracaron, y se quedaron sin un peso, y ahora necesitan 100, o 200, o 10 para volver a su casa. Y eso, claro, les pasa cada día, en el mismo lugar. Y, por último, están los más raros… que son gente normal: gente como una, en fin, como debe ser; vestidos como una, con celular y mochila. Y éstos asustan, porque uno va caminando en paz con el universo y, de repente, se da vuelta uno y te dice: «¿Me da 100 pesos?», y uno dice que no tiene,  instintivamente, pero no por cruel, sino de sorprendido: el efecto de la guardia baja. Cuando me repongo, me dan ganas de preguntarle: «¿Y por qué  no me los das tú a mí? Tienes mejores zapatillas que las mías…», pero ya es tarde.

Yo, la verdad, prefiero los mendigos de toda la vida, gente digna, bien señalizada, que nos permite escabullirnos y, al mismo tiempo, seguir creyendo que somos buenas personas.

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4 comentarios to “Santiago, 27: Mendigos 2.0”

  1. En Mendoza se ven pocos, muy de vez en cuando uno a la entrada de una iglesia. O.

  2. Bueno, se ven pocos mendigos con esas características, pero hay unos cuantos en calle San Martín, que están ahí desde hace años, y uno deja la monedita en uno o en otro, alternando para equilibrar. Uno es ciego, otro tiene problemas en las piernas, camina con muletas, pero se sienta en su lugarcito todos los días, otro está de pie, con muletas y un cartel que explica su situación colgado del cuello(parece que no habla español) pero ese cartel tiene tantas cosa escritas y chiquitas, que la verdad no sé qué dice, un joven con las piernas cortadas a la altura de la rodilla. Cada uno en una cuadra distinta. La verdad, creo que algún trabajo podrían hacer, pero quién le va a dar trabajo a un discapacitado!
    T

  3. Buenisimo :)

    Me encanta tu humor.

  4. aveceslavida Says:

    – Mirá pibe…el poder es un tejido donde son necesarios los pobres, los ricos, los corruptos, los idealistas, los progres y los arribistas.
    – ¿Una mondeda, Don?.
    -No, pibe, ya te dije que los pobres también hacen falta.

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