Santiago, 29: Cut and paste

Una cosa me une a los muchachos de la UDI: la pena de muerte. Ellos la quieren para personas que cometen ciertos delitos; delitos que, por cierto, no son económicos: no vaya a ser que caiga en desgracia algún amigo. Los muchachos de la UDI son así, muy de cuidarse entre ellos. Yo, por mi parte, creo que la pena de muerte debería reservarse a los miembros de bandas tributo. (Bueno, quizás también para los gaznápiros que saludas en el ascensor, y te miran con cara de vaca, como si no entendieran qué quiere decir «Buen día». ¡Se llama saludar, hijo mío! Si has vivido en este planeta en algún momento de los últimos quinientos años, ya deberías saber qué hacer…)

Pero volvamos. Hasta ser malos de enmarcar tiene su dignidad: dar conciertos para doce personas, desafinar perramente y no dejar una sola canción para recordar. Mira, hasta quizás a esos los salve la posteridad: hay algo romántico —y admirable— en el fracaso sostenido y disciplinado. Se les puede hacer un documental celebratorio, por el freakismo, por los huevos, por el amor al arte. Y se salvan.

Pero las bandas tributo no deben tener perdón ni segundas oportunidades. «Pero… es que tocan i-gual. Pero igual-igual.» ¿Y qué? ¿El mérito del buen copión? Y encima está la publicidad: «La mejor banda tributo a…» No me vengan con zanganerías: todas las bandas tributo son igualmente deleznables. Y los que imitan bien, pues ésos son peores: pena de muerte, con sufrimiento previo, por premeditación y alevosía. «Pero es que hasta los mismos solos de guitarra hacen…» Calla, calla o vas tú también al cadalso por exaltación del terrorismo.

Y el refinado arte de engañar continúa en el póster: Morrisey o The Clash, en letra grande, ¡y con la misma tipografía!, los muy cabrones. Y a un costadito, en cuerpo 16: Menganito y Zutanito, homenajeando a… Bueno, «homenajeando»: es una forma de verlo. Eso, o viviendo del cuento, con el refrito del refrito, hasta que la momia ya no dé más de sí. Y ahí, a recalentar otro fiambre de los gloriosos 80.

¿Homenaje? ¿Falta de ideas? ¿O un timo? Un timo, puede ser; pero un timo al que no faltan seguidores: hay más carteles de los apologetas de la copia perfecta, que artistas originales con algo nuevo por decir. Porque, encima, ¡están motivados! Como sigamos así, la death row se nos va a superpoblar en días… Bueno, al menos no andarán por las calles. Algo es algo.

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Una respuesta to “Santiago, 29: Cut and paste”

  1. Las imitaciones nunca son buenas.

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