Santiago, 32: Apuntes surrealistas para un 11 de septiembre

Apunte 1: El 11 de septiembre no es feriado.

Apunte 2: No hay actos oficiales.

Apunte 3: Los que quieren recordar, hacen todos los años lo mismo y contribuyen, sin querer, a la rutinización y el anquilosamiento de la (des)memoria, automarginándose así a los espacios concedidos y en ocasiones actuando el rol de la violencia. Rol que después se usará, indefectiblemente  para justificar los palos y ningunear las causas. El ritual se hace inocuo, y se pasa como se pasa un velatorio: es lo que toca hacer. Para el resto, para esa gran mayoría a la que el golpe militar le da igual, o también para los que le tienen cierto cariño al recuerdo de La Moneda en llamas; para ésos, el 11 de septiembre pasa como siempre, y sólo sirve de campana de Pavlov para salir a comprar carne para el 18.

Apunte 4: Hay una calle que, como el año pasado, se sigue llamando 11 de septiembre (si no diera miedo, sería gracioso).

Apunte 5: Los diarios no dicen nada del asunto, a no ser en forma de reporte de desmanes. No hay especiales de fin de semana, editoriales ni portadas. El blackout mediático es tan notable, que apesta a contubernio.

Apunte 6: En la velatón del Estadio Nacional hay cuatro gatos. Teniendo en cuenta la magnitud del hecho histórico, uno esperaría más gente. Y no. Y, como estilan hacer los de izquierda, si hay cuatro gatos… pues se dividen en dos grupos de dos. Mandados a hacer para dividirse estos muchachos. Izquierda, sí, pero con matices: la revolucionaria, la combativa, la no tanto, la original, la verdadera, la progresista, la radical, la genuina, la antigenuina… En el Estadio, la división era entre los de adentro y los de afuera: a 50 metros unos de otros, ondeaban las mismas banderas (o casi), cantaban las mismas canciones de Silvio Rodríguez, prendían las mismas velas y honraban los mismos muertos. Pero, eso sí: a 50 metros. No vaya a ser que…

Apunte 7: Pasa el 11 y la sensación que queda es que la memoria es un ejercicio tangencial en la vida política de este país. Intuyo unas mayorías silentes, que no dicen nada porque quedaría feo, pero a las que el 11 tiene sin cuidado, o que entienden que, de no haber sido como fue, hoy Chile sería una ruina. Sin esas mayorías que sostienen, con su no-hablar, con su no-hacer, lo que pasa o deja de pasar, no se explica este 11 de memoria minimalista.

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Una respuesta to “Santiago, 32: Apuntes surrealistas para un 11 de septiembre”

  1. La derecha chilena tendria que aprender de nuestros izquierdozos gobernates, para quienes la revisión del ominoso pasado golpista y criminal es su leit motiv. Lo cual estaría bien, si no fuera por el hecho de que ellos nunca estuvieron en la lucha, nunca fueron perseguidos ni amenazados, a pesar que suelen expresar lo contrario. Y que durante todos aquellos tiempos, y mas aún en estos últimos, han amasado una impresionante fortuna que supera todo cálculo racional. Que facil es decir ser revolucionario detras de una pantalla, que facil es decir ser.

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