Santiago, 34: -48

El Gobierno chileno y algunos de los que le ríen las gracias están obsesionados por la imagen país. Que si sube, que si baja, que si se reposiciona, que si estamos por sobre Argentina, que si somos los primeros de Latinoamérica, que si el nuevo logo es moderno o no, que a ver cuánto habría valido una campaña publicitaria con el mismo impacto global que el rescate de los 33 mineros… En fin, obsesionados. Obsesionados por la imagen —más que por la sustancia—, y por las listas, por las listas. ¡Ay, las listas!

La imagen de marca preocupa a estos muchachos mucho más que el proyecto de país o el tipo de sociedad (y de ciudadano y ciudadana) que están contribuyendo a crear. No sorprende: Chile avanza sin pausa hacia convertirse en poco más que una gran empresa, diluyendo los aspectos cualitativos del proyecto político y social… para centrarse en los aspectos cuantitativos —y superficiales— plausibles de expresar en los rankings y las listas. Rankings y listas que les dicen a los chilenos y chilenas quiénes son, cuánto valen y, sobre todo, dónde están parados en el mundo en términos de eficiencia (la nueva palabra mágica) e imagen. No sorprende, digo, porque la lógica corporativa es el eje del nuevo discurso único en Chile: se ha apoderado del espacio político y, despacito, entra en las cabezas de los que andamos de a pie, en forma de palabritas neutras: normas de certificación, eficiencia, criterios, medición de logros, listas, transparencia, calidad total, imagen de marca… El discurso simplón y llano del management ha llegado a la política.

Poco les importa, parece, que las encuestas globales reflejen que cuatro gatos sabían de la existencia del país antes de los 33 y aún menos gatos podían señalarlo en un mapa… Da igual, porque los que sí saben de su existencia lo consideran un país eficiente y serio. Benditos sean esos cuatro gatos.

Poco comprenden, por otra parte, la lógica de videoclip que rige la política y la información en la sociedad global: el eficiente rescate de los mineros que muchos dijeron crearía un cambio eterno en la imagen país de Chile (Piñera llegó a decir que «a la chilena» serviría ahora como equivalente de «seriamente» o «con eficiencia»), duró en la retina y en la cabeza global lo mismo que duró el golpe de Estado en Honduras o los 100.000 muertos contados en Afganistán. Vino el cablegate de Wikileaks… y chau a Chile y su gesta heroica. (En este mismo sentido, la popularidad de Piñera hizo peak y se empezó a desinflar poco tiempo después de salir el último minero.) La memoria global es mala y corta: la vida y la muerte están a un clic de distancia de Lady gaga disfrazada de bifes de chorizo o del video de un perro que saca de la nevera una cerveza, la abre y se la lleva a su dueño (Clic en Ver de nuevo. Y mi perro que ni da la pata. Vaya injusticia). Todas esas «noticias» valen y duran lo mismo: nada. Ocupan el RAM mundial  durante un rato y se van sin dejar huella.

(Hoy, por ejemplo, han muerto 81 personas quemadas en una cárcel de San Miguel. Me pregunto cómo harán encajar esto en la imagen de país primermundista, eficiente y moderno que les gusta vender. Yo digo que puede que Chile caiga algunos puestos. Después de todo: 33-81= -48. Da negativo. Eso quedará feo en las listas y los rankings. Pero, tranquilos: se olvidará igual de fácil. Eso, justamente, es lo bueno de los videoclips: todo pasa rápido.)

Más importantemente, poco o nada parecen entender, los apologetas de las listas, que un país no se construye a golpe de publicidad, indicadores y hechos aislados. Las opiniones no cambian de un día para otro, menos aún los países, por mucho minero que se flamee: la calidad de un país se basa en un proyecto estructural y largoplacista, no en un bluff mediático. 33 mineros salvados no mejorarán el estado de las minas ni las condiciones de vida de las personas que trabajan en ellas. 33 mineros salvados no harán de Chile un país igualitario. 33 mineros salvados no mejorarán las condiciones de acceso a la educación, la cultura y la salud. 33 mineros salvados no traerán de la tumba a los 81 presos calcinados y menos aún humanizarán las cárceles.

Chile se convierte así en fuego de artificio, un mito construido a fuerza de golpes de efecto, maniobras mediáticas y propaganda para consumo interno, una fantasía colectiva tragada por muchos y disfrutada por muy pocos: el Chile de los milagros. Quizás las listas y los rankings sean el mejor reflejo de esa farsa colectiva, de esa sonrisa maquillada, tras la que no hay más que colmillos. ¿Y la realidad? Bueno, la realidad es un poco más terca y, para colmo, no cabe en las listas.

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3 comentarios to “Santiago, 34: -48”

  1. Cuanta verdad dice tu artículo, ojalá la sociedad chilena reflexiones e intente cambiar estos temas. O.

  2. Qué dolorosa es esta verdad que escribís !!! vos sólo la escribís (por supuesto: antes de escribirla hay que pensarla, ordenarla, traducirla, comprenderla y recién transmitirla) es muy difícil y expresada correctísimamente.

  3. Javier:

    Esta semana estuvimos hablando de este tema. Coincidimos en gran parte con tu texto: la imagen (país, persona, empresa, universidad, negocio, etc.) es más importante que el contenido en estas tierras. Todo vale por ocupar un lugar en la mente de los otros con alguna idea de nosotros, diagramada y esculpida con desesperada irrealidad.

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