Una epifanía para el caos, 8: La germinación

Las germinaciones eran unas cosas que se hacían para llenar de olor a podrido las aulas. La maestra decía: «Mañana vamos a hacer una germinación. Hay que traer… Bassi, ¿por qué no anota? ¿Quiere que se lo anote yo? Hay que traer: un frasco boca ancha; papel secante (Nota mental: ¿qué fue del papel secante?, ¿se usaba para algo más que para las germinaciones?); porotos, lentejas o garbanzos; algodón. Llevabas todo eso, ponías el algodón abajo, el papel secante por dentro del frasco, orillándolo, y las semillas por donde pudieras (había un lugar preciso, pero era imposible que se quedaran en él). A los dos días había unos pastos verdes que salían de las lentejas (la autoestima y popularidad de esos niños y esas niñas aumentaba considerablemente), a los cuatro días aparecían unos palitos blancos de garbanzos y porotos, a los seis días un persistente olor a podrido recorría el aula y la maestra decía: «Tiren esas porquerías», y anotaba en el registro: «Objetivo operativo número 4.1.5 del Plan Anual cumplido: Comprende el ciclo de vida vegetal y puede describir su evolución.»

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2 comentarios to “Una epifanía para el caos, 8: La germinación”

  1. muy lindo

    :)

  2. ya nosotros lo hacìamos en la escuela, y la verdad es que era un orgullo ver lo que habíamos logrado, ¡que saliera una plantita! O.

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