Santiago, 38: Dos lesbianas gordas

Lotrodía caminando por las calles, fui a dar detrás de dos lesbianas gordas. Alternaban el andar abrazadas con algunos pasos de la mano, mirándose a los ojos. Apenas prestaban atención al entorno: paso sí, paso no, se besuqueaban y se reían como tortolitas.  En atención a los remezones que causaba la escena en el público presente y pasante, me quedé atrás, de espectador privilegiado.

Lo esperable: las viejas, horrorizadas. Les salían puñales de los ojos. Puñales que impactaban y se desvanecían en esa coraza psicotrónica que llevan los enamorados (y enamoradas) y que les protege de los males del mundo (que son muchos). Pero lo mejor del caso eran los hombres: bien, con el teléfono en la oreja, o papando moscas, o pensando en porquerías, hasta que se daban cuenta de cómo venía la mano. Y, a partir de ahí, se diría que iban más ofendidos que las viejas caducas. Se les quedaban las bolas de los ojos atrancadas. Pero, ojo, no era esa atrancadez de la lascivia, esa de: «Me pare dios o me hundo en esas tetas sin compasión ni decencia». No, yo conozco la mirada de la inmundicia inconfesable: soy hombre. Era, más bien, una mirada contrariada, de enojo, de: «Vas a ver como les doy dos cachetazos y pongo las cosas en orden». Esas lesbianas gordas parecían condensar todo lo despreciable y no las perdían hasta que ya la física del ojo no las dejaba verlas más sin girar el cuello.

Y es que, claro, dos lesbianas gordas son la materialización misma de la innecesidad del hombre. Porque dos lesbianas rubias y pechugonas, sí, acepto. Ésas si están bien. Ésas lesbianas para hombres que inventaron los directores del porno, que están buenas, que nos miran mientras rozan las lenguas, y a las que, curiosamente, parece que les gustan los hombres. Esas lesbianas sí que valen la pena. Y, si osaran besuquearse por las calles, mejor: ¡bienvenidas!

Pero estas lesbianas de segunda, gordas, feas, que, para colmo, ni nos miran… esas lesbianas son una ofensa a la moral. Unas malperdidas y eternamente endomingadas que hay que borrar de Santiago. Y hay que borrarlas porque ellas nos borran a nosotros, los hombres, de las cosas necesarias del mundo.

Anuncios

2 comentarios to “Santiago, 38: Dos lesbianas gordas”

  1. La Mendoza pacata se permite ciertas transgresiones. Hoy día se lleva a cabo la tradicional desde hace algunos añitos “Vendimia Gay”, con un imponente despliegue escenográfico, decenas de bailarines, mucha tecno, músic, y hits para bailar hasta que la velas se apaguen. O los muñecos caigan desmayados. Hace unos tres años yo estuve en una, buena, pero cada año se va superando. Se elige Rey y Reina. ¡Que va a decir el Padre Pato!

  2. me gustó. O.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: