Santiago, 50: Who is who

Lo mejor del movimiento estudiantil y social en este 2011, es que ha permitido ver, con total claridad, quién es quién en Chile: dónde está parado cada actor social, quiénes son sus amigos y enemigos, dónde está el límite entre su discurso y su acción, qué avisperos no está dispuesto a remover, para dónde tira su caballo… Vamos al detalle.

Piñera, aún en campaña para ser presidente, en un video que hoy resulta hilarante, pretendía estimular la participación de los jóvenes invitándolos «a que se tomen su país». Agregaba, que una forma de «asumir el protagonismo y el control de sus propias vidas», era «participando en nuestra democracia y aportando lo que es tan propio de la juventud: el idealismo, la irreverencia, la rebeldía, los sueños…» (!) Cerraba la arenga emotiva con una pregunta: «Si no son los jóvenes, ¿quiénes? Si no es ahora, ¿cuándo?» Tras tres meses de movilización social sostenida, ha quedado claro qué entendía Piñera por «participación», ha revelado que lo de tomarse Chile no era en serio y, sobre todo, ha mostrado cuáles eran los límites de su invitación. En este sentido, la notable resistencia del Gobierno a promover cambios reales, ha mostrado qué país quiere esta «nueva derecha» y hasta dónde está dispuesta a incordiar al resto de sus socios en el Gobierno y en las empresas.

Igualmente revelatoria ha sido la reacción de las universidades: de la Universidad Católica, sobre todo, que ha dejado muy en claro de qué lado del cambio social está. También de las privadas, cuyos mandos fueron cuadros en la dictadura y que optaron por hacer como si no pasara nada, escondiendo la cabeza en el agujero y rogando que pasara la tormenta y, eso sí, cruzando los dedos por que nadie tocara el lucro, su mismísima raison d’ être. Finalmente, la reacción de las universidades «progresistas», «humanistas», «cristianas»… que no dudaron en recuperar el mando de sus sedes a través de desalojos comandados por Carabineros. Si hay una universidad que también mostró lo que es, ésa fue la Universidad de Chile: coherencia, solidaridad entre estudiante y profesores,  conciencia del momento histórico y democracia real en la toma de decisiones, costara lo que costara, incluidas la pérdida del año y la lentitud desesperante de las asambleas y los claustros.

Se ha revelado también que los sindicatos ya no representan a nadie y que son instituciones tan obsoletas como la Iglesia. Su accionar ha sido errático, lento, poco creativo, siempre a la cola del movimiento estudiantil, y, muchas veces, vinculado a la violencia.

Hemos sabido también quiénes son esos progresistas de sillón de la Concertación, hemos sabido, mal y tarde, que aquí nunca gobernó la izquierda y que este Chile, así como está… es el Chile que la Concertación quería y creó. No le es posible ya culpar a la herencia de la dictadura: tras 20 años en el poder, nadie puede hacerse el desentendido: éste era su Chile de los sueños. El hecho de que acusen a Piñera de «continuista» no es un insulto para él ni para su Gobierno, es una vergüenza para la Concertación: en efecto, Piñera, ese monstruo  derechista que iba a comerse a los niños si era electo presidente, no ha hecho más que seguir el envión, dejando en claro que, los que estaban antes y los que están hoy… son los mismos. Hoy, la Concertación se revuelve entre su memoria culposa, que los inhabilita para liderar cualquier cambio o para hablar con un mínimo de coherencia, y su necesidad de volver al poder mostrándose como la alternativa que jamás fueron. Difícil situación.

Se ha revelado también qué Chile quiere el empresariado nacional: la Confederación de la producción y del comercio, solicitó al Gobierno en un documento: «cerrar la puerta al debate sobre la gratuidad de la educación» y poner «mayor énfasis en la educación técnico-profesional» (el famoso «Chile de técnicos», y no de seres pensantes). Por lo demás, han pretendido hacer borrón y cuenta nueva respecto del lucro en la educación, formalmente prohibido por la ley, y que hoy pretenden blanquear o legitimar.

Finalmente, lo más importante de esta movilización social es que ha permitido ver con claridad quiénes son estos jóvenes de Chile. Los «inútiles subversivos», los alienados en las redes sociales, aislados en sus habitaciones, despreocupados del curso de los asuntos públicos, hedonistas, ociosos, consumistas y adictos a la Play. Las movilizaciones han mostrado quiénes son estos jóvenes, qué entienden por democracia y hasta dónde están dispuestos a ir para defenderla. Y los sociólogos callan, o hacen cuentas.

Todos, los unos y los otros, con el culo al aire: ahora sabemos quién es quién, y vaya si nos hemos llevado sorpresas. Hacía falta una situación tan extrema como ésta, que obligara a cada uno a posicionarse, a mostrarse desnudo, a decir qué piensa, a mostrar qué está dispuesto a hacer. Hacía falta esta crisis mayúscula del modelo chileno para revelar sus grietas, sus exclusiones y sus mentiras primermundistas. Ahora sí, ahora sabemos qué Chile es el que de verdad existe y sabemos también quién es quién en él. Ya nadie puede hacerse el tonto, ni vender gato por liebre. Demos gracias.



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2 comentarios to “Santiago, 50: Who is who”

  1. Clarito, como el agua.

  2. Guaaauuuuuu !!!!

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