Nasolaringeofaringeofibroscopía

Nasolaringeofaringeofibroscopía se traduce al castellano en un vibrador talla estrella porno terminado en algo parecido a una antena de teléfono celular de los ‘80, sólo que más larga y tuneada: de unos 30 centímetros y con un led en la punta. Empuña el arma una doctora que me dice: «Cuéntame.» Ante mi cara de «Cuénteme usted», se explaya: «¿Qué te anda pasando?». Le explico: soy profe, me quedo sin voz al terminar las clases, me duele la garganta, siento una tensión, tengo carraspera, antes me recuperaba de un día a otro pero ya no… Como era de esperar, le importa un pepino: «Bueno, tú tranquilo. Esto molesta un poco, pero es breve: unos 10 minutos.» Me pone trocitos de algodón empapados en algún anestésico en las fosas nasales y se va. Se queda una enfermera que me dice: «¿Así que profesor?» «, pofesó

Vuelve la doctora y reempuña el vibrador para mineras. Introduce la antena por una de mis fosas nasales. «Tienes el tabique desviado.» Y a la enfermera: «¿Ves? El tabique desviado.» Empuja el aparato y me pide que trague saliva. Trago. Empiezo a sentir cosas que nunca había sentido: no me meto antenas de celular por la nariz todos los días… La zona es mayormente virgen a la estimulación y, por tanto, yo no sabía que existía: es como experimentar un tercer brazo o una segunda nariz. Me llega un ardor desde alguna parte inubicable de la cabeza, como si se me hubiera metido un cascarudo explorador empeñado en llegar donde ningún cascarudo ha llegado jamás y hacer historia. «Tranquilo.» Yo estoy bastante lejos de cualquier cosa a la que se pudiera llamar tranquilo: tengo agarrotadas las piernas y estrujo los apoyabrazos de la silla. «Traga saliva.» He aprendido, en este breve lapso de tiempo en que me he relacionado con esta perra del infierno, que cada vez que me pide que trague, se dispone a empujar la antena un poco más. «Traga. No estás tragando. No veo si hay saliva.» Y a la enfermera: «¿Ves? Se nubla. Ahí, foto.»

Siento que el cascarudo ha pasado la nariz y anda cerca del entrecejo, pero no podría señalar con el dedo dónde. Me empiezan a llorar lo ojos. «Tranquilo. Ya terminamos. Traga saliva.» Trago y la antena avanza un poco más. «Tranquilo. Estás muy tenso. Relájate. Respira normalmente.» (Usted, con «normalmente”», ¿se refiere a como respiraría uno cuando tiene una antena metida por la nariz hasta la garganta?) El cascarudo prosigue su marcha. Me dan arcadas. Los ojos me lloran aún más. «Tranquilo. Ya terminamos.» (No te creo. Además, falta la otra fosa.) En este punto, sólo quiero tirar del vibrador y sacarme todo de dentro, pero sólo logro tener arcadas y asustarme de no poder respirar. «Estás tenso.» (No me diga.) «¡Mira qué tenso está! Traga saliva.» (…) «Me estás apretando el equipo. No me aprietes el equipo.» (!) (A ver, señora, en este momento, su «equipo» es lo último que me importa en el mundo y, en todo caso, ¿cree usted que yo controlo los músculos de mi garganta?») Otra arcada. «No hagas arcadas.» (¿Que no haga arcadas? ¿Estudió 10 años medicina para decirme que no haga arcadas? Le digo dos palabras y usted me dice si le suenan: reflejos incondicionados ¿A que no sabe por qué le pusieron INcondicionados?) «Foto. Traga saliva. Di una palabra». «LA PUTA QUE TE PARIÓ.» «Repite.» «LA PUTA QUE TE PARIÓ.» «Gracias. Muy bien, ya saco. Vamos a ver la otra. Tú tranquilo.» (Sí, yo tranquilo. Ah, un apunte antes de proseguir: espero que engordes y te quedes pelada. Nada más. Gracias. Ya puede violarme otra vez.)

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4 comentarios to “Nasolaringeofaringeofibroscopía”

  1. Anónimo Says:

    Los médicos tiene una imaginación perversa cuando están inventando nuevos métodos de diagnóstico. Parece que nunca les fuera a tocar ser el de la camilla! Pero si te aguantás el estudio, sos lo que llaman un buen paciente. Hay que tener toneladas de paciencia para someterse a esas cosas que parecen imaginadas por Frankestein.
    T

  2. Me reí mucho de tu padecer…

  3. Yo también me reí mucho de tu relato-padecer. P.

  4. Claudia Says:

    Cuando terminé de leer me dí cuenta lo tensa que estaba, es que tu relato estuvo de la puta madre

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