Remixes de la historia argentina, 3: Martín Fierro (versión progresista)

Posted in i l e t r a r i o on 25 marzo 2012 by Repalabrador

Un Martín Fierro políticamente correcto que trabaja de seguridad en la pulpería, ensarta a un negro con el facón, lo lleva sobre la mano ensangrentada, como un brochet. Sale y lo deja afuera, agonizando en posición fetal. Vuelve y grita: «¡Que siga la jarana!» (El afroamericano, en una escena anterior, había llamado «puto» a un afuerino que estaba tomándose una grapa sin molestar a nadie.)

Remixes de la historia argentina, 2: Saavedra

Posted in i l e t r a r i o on 23 marzo 2012 by Repalabrador

Saavedra dice: «Apuraosh con la declarazión esha, que a eshte pasho nosh va a coger el toro.» Juan José Paso le contesta: «A vos te cogerá el toro, a nosotros, a lo sumo, se nos pasará el arrós.» Los demás ríen, y firman. Tampoco es cuestión de estar todo el día duro para la estampita.

Remixes de la historia argentina, 1: Güemes

Posted in i l e t r a r i o on 20 marzo 2012 by Repalabrador

Güemes se levantaba, se ponía las botas de potro en la oscuridad, desayunaba charqui con huevos pasados por agua y le decía a la mujer: «Me voy. Hoy tengo que pasar a degüello a ni sé cuántos realistas. Si te da tiempo, preparate un pucherito para cenar que hace un montón que no comemos… Me parece que desde que batí el récord de las boleadoras y vinieron los demás terroristas a felicitarme y tomarse unos sodeados. Si no vuelvo antes de las siete, cambiate de tapera, porque van a venir esos hijos de puta, te van a violar delante de los gurises, te van a cortar la cabellera y todo eso. Cerrá con llave cuando salga. La boleta del agua ya está pagada. Chau.» Y se iba, casi hecho de mármol.

Santiago, 54: Así se insulta en Chile

Posted in i l e t r a r i o on 10 marzo 2012 by Repalabrador

Rifirrafe entre Morrissey y la organización del Festival de Viña. El artista, tan inglés pa’ sus cosas, pretende cumplir el contrato: subir al escenario y bajar de él a la hora firmada. La organización a la chilena, viendo el retraso de los números anteriores, le pide que haga tiempo en el camarín: «Tampoco pasa nada por esperar un ratito, Morrissey. Tómate alguito.» Morrissey que no y no: corta a los que estaban y se va sin bises. Y chau.

Así las cosas, alguna prensa opta por la vía del golpe en el pecho: «¿Quién se cree que es Morrissey para ofender esa gloria de la patria que es el Festival de Viña?» Y, para darle color a la diatriba deciden ¿insultarlo? llamándolo «Morrigay». Varios ríen la chispeante ocurrencia y siguen con el clima.

Pequeño diccionario de palabras hermosas (primera entrega)

Posted in i l e t r a r i o on 1 enero 2012 by Repalabrador

Una estudiante que dice que los ensayos no son lo suyo y se equivoca. Un escrito que debía ser ensayo y salió más o menos (quizás confirmando la equivocación), pero es al mismo tiempo una vívida narración de la Fiesta de la Virgen en Isla de Maipo que contenía estas tres palabras, que ya son mías:

Aperos: según está usada, ropajes, vestimenta. («Ese día a los niños se les compra ropa nueva, y todos salen al pueblo con sus mejores aperos a participar de la procesión o simplemente a ver pasar a la Virgen para expresar respetos, agradecimientos o peticiones.)

Afuerino: persona de fuera, claro está. («La celebración es cada año el último domingo del mes de septiembre y el pueblo que debe tener algo así como 20 mil habitantes, ese día sobrepasa los 45 mil, gente de todos lados llega a la celebración donde se juntan lo humano y lo divino y donde los isleños quedamos un poco relegados con tanto afuerino.»)

Y la más bonita:

Imagines: según parece, pedidos, deseos… («Todas las casas por donde pasa la virgen, sin excepciones, son adornadas en sus fachadas por bellas flores naturales o de papel si el presupuesto no alcanza, en algunas casas llegan a más y hacen unos arcos que cruzan las calle de un extremo a otro con imagines, oraciones y agradecimientos.»)

Entonces: aperos, afuerinos e imagines. Clic en Agregar al diccionario.

Santiago, 53: La muerte como revolución

Posted in i l e t r a r i o on 26 noviembre 2011 by Repalabrador

The Beatles tocan I got a feeling en la terraza de Apple. Una cámara ronda por abajo, entre la gente que empieza a acumularse, tomando imágenes para el futuro documental. A la predecible pregunta, una señora mayor en bata celeste contesta: «No le encuentro sentido». Inmediatamente después, una joven da su veredicto: «I think it’s great.». Un hombre de corbata y gafas de pasta dice que le parece muy bien tener música en esa zona de la ciudad, que es «quite enjoyable», pero que es una suerte de imposición perturbar a los negocios del área. Mientras, unos pelilargos de pantalones pitillo saltan de terraza en terraza para no perderse el concierto.

Como siempre, hay gente que «la ve», que entiende, que logra trascender la minucia… y hay gente que no. Hay quien intuye el futuro en lo que pasa y suelta amarras. Y hay quien se pierde en los detalles y se preocupa por naderías (unas cuantas libras perdidas, un corte de tránsito, un ruido molesto). También hay quien añora los viejos tiempos y defiende las cosas como son… con el único (y curioso) argumento de que así es como han sido.

¿Qué podemos decir de bueno de esa vieja, de ese viejo? Que murieron. Y que murieron antes que las jóvenes y los pelilargos. Murieron y les dejaron la vía libre. Lo mismo podemos decir de los Labbés, de los Krassnoffs, de los Büchis, de los Pérez de Arces: se van a morir. Y, si trabajamos para que no se reproduzcan como gremlins, dejarán la vía libre, para que el futuro no sea el espejo del pasado.

Y ahí reside la esperanza, porque nadie cambia, sólo se muere.

El Negro

Posted in i l e t r a r i o on 26 octubre 2011 by Repalabrador

El error del Negro no se deriva de un conocimiento inadecuado de la realidad: el Negro es inteligente, sensible y, en cualquier caso, determinista. El error del Negro es de cálculo o, a lo sumo, de ignorancia. El Negro cree, honestamente cree, que es un tigre de bengala; o bueno, da lo mismo, para el caso puede creer que es un chita o un león. En fin, un gran felino (no soy un entendido).

Cree que el comedor es su sabana, la suya propia, privada: desde la altura de la mesa otea sus dominios para que no se le revolucione el rancho, que hay mucha cuchillada trapera últimamente. Si lo ves, echado de lado, magnífico, altivo, no parece un simple gato. Y no sólo por el tamaño que le han dado sus huevos perdidos: los gatos son más modestos, conocen sus limitaciones. El Negro no: gira la cabeza lentamente, te mira fijo y no baja la vista hasta que le decís algo. El es así. Se para con gesto de señor feudal, camina como una serpentina de aceite en el agua y caderea pesadamente, en cámara lenta, histriónico. Sabe que lo estamos mirando y hace de cada movimiento un número de circo. Pasa sobre los adornos sin tocarlos, como si estuviera hecho de aire puro o hecho de nada: ni los roza. Se complace en su elegancia, rey del comedor, desde la mesita de las fotos a la biblioteca, desde el sillón a la repisa. La Marilyn se lo zamparía de un bocado, pero la tiene convencida. Y ahí todos, ciegos como fieles, alabando el paso del monarca.

El Negro ese es un hijo de puta, nos lo tiene creído a nosotros también y eso que nosotros lo trajimos a disgusto de la casa de la calle Pampa. Ahora está con las garras apenas salidas del borde de la silla, soberbio y majestuoso, tuerce la cabeza y con un suave salto aterriza sobre el desayunador, hace una pausa, se encoge sobre sí mismo y hunde el hocico en la leche. Cada tanto levanta la cabeza, como si el platito fuera una presa aún caliente que cayó por la refinación de sus dotes para la caza. Es leche, Negro, es leche.